Lo que piensas, tu cuerpo lo cree

Lo que piensas, tu cuerpo lo cree

La mente no distingue entre realidad e imaginación

A lo largo del día, procesamos una cantidad enorme de pensamientos, la mayoría de ellos sin control consciente. Algo que me parece profundamente curioso y a la vez poderoso es que nuestra mente tiende a creerse lo que pensamos. Es decir, el cerebro, al imaginar algo, no siempre distingue si lo que está percibiendo es real o simplemente una construcción mental.

Por ejemplo, si te pido que pienses en que tu lengua está tocando un cubo de hielo, probablemente sientas una ligera sensación de frío. Si te imaginas caminando descalzo sobre grama húmeda, casi puedes sentir su textura. Nuestro cuerpo, con solo evocar ciertos recuerdos o experiencias, tiene la capacidad de reaccionar como si realmente estuviera viviendo ese momento.

De pensamientos repetidos a creencias 

Esto no es solo una anécdota mental interesante. Es fundamental entender que cuando ciertos pensamientos se repiten una y otra vez, ya sean positivos o negativos, terminan convirtiéndose en creencias. Las creencias son estructuras mentales que usamos para interpretar la vida, el mundo, y a nosotros mismos.

Se forman cuando existe una asociación continua entre pensamientos, emociones y experiencias peeero no todo lo que creemos es necesariamente cierto. Muchas veces, creemos cosas simplemente porque las hemos pensado durante tanto tiempo que asumimos que son verdad. Sin embargo, lo cierto es que todo depende del cristal con que se mire.

El poder de las creencias 

Quise hablar de esto porque muchas veces sufrimos por creencias que ni siquiera sabemos que tenemos. Son ideas que se han instalado en nosotros sin que seamos plenamente conscientes de su origen pero ahí están, moldeando nuestras decisiones, nuestras emociones y nuestras acciones.

Una mente sana es una mente flexible y esa flexibilidad comienza por cuestionar lo que pensamos, por no dar por sentado que todo pensamiento es una verdad absoluta. De hecho, creo firmemente que muchas veces sufrimos más por lo que creemos que está pasando, que por lo que realmente pasa.

Pensamientos que etiquetan y limitan

Cada uno de nosotros le da un significado a las cosas que le suceden. Y en función de ese significado, nuestra percepción cambia. Por eso es tan importante aprender a preguntarnos:

¿Esto que estoy pensando es cierto? ¿Existe otra manera de ver esta situación?

Las creencias limitantes son como etiquetas que nos ponemos. Si siempre pienso que no soy fuerte, entonces todas mis acciones estarán dirigidas a confirmar esa etiqueta. Y cuanto más tiempo sostengo esa creencia, más difícil es dejarla ir. Se vuelve parte de mi identidad.

Pero vale la pena, en el día a día, detenernos y preguntarnos:

¿De verdad no puedo? ¿De verdad no soy fuerte? ¿Y si sí lo soy? ¿Y si me arriesgo?

Mi experiencia

Una creencia no saludable he tenido es la de pensar que todo tiene que salir perfecto. Si no lo hacía perfecto, entonces sentía que no lo había hecho bien. Ese pensamiento me bloqueaba. Me paralizaba.

Me pasaba que si no podía hacer algo exactamente como lo había imaginado, prefería no hacerlo. Era como si fallar en la ejecución perfecta fuera peor que no intentarlo. Y esa es una trampa mental muy común.

Tuve que aprender a validarme a mí misma. A recordarme que incluso si algo no sale perfecto, sigue estando bien. Que no hacer algo “a la perfección” no significa que esté mal hecho. Lo importante es intentarlo, hacerlo, y aprender del proceso. La vida no es blanco o negro. Hay toda una gama de matices que vale la pena explorar.

Ansiedad y pensamientos catastróficos

Lo mismo ocurre con la ansiedad. Los ataques de ansiedad aparecen cuando nuestra mente entra en estado de alerta, como si estuviéramos en peligro, aunque ese peligro no sea real ni inmediato.

He aprendido que, cuando empiezo a sentir esa tensión, es crucial cuestionar mis pensamientos: ¿Esto que estoy pensando está pasando en este momento? ¿Qué es lo peor que puede pasar?¿Puedo ver esta situación de otra manera?

Ese ejercicio de conciencia y auto cuestionamiento es algo que se tiene que hacer todos los días como cepillarse los dientes. No se trata de engañarse a uno mismo. No es decir que todo está bien si claramente no lo está. Se trata de reformular lo que nos decimos a nosotros mismos. De cambiar las palabras, las afirmaciones, y darles un tono más amable y realista.

Ejemplo: 

Aunque las cosas no estén saliendo como yo quiero, no significa que no existan otras maneras de hacerlo y que no lo ueda lograr

La verdadera clave del éxito

Al final del día, tener una mente sana no significa tener pensamientos perfectos o nunca dudar. Significa tener la capacidad de pensar de forma flexible, de permitirnos cambiar de opinión, de reevaluar creencias y de elegir pensamientos más sanos y más alineados con la vida que queremos construir.

Porque sí, lo que pensamos importa y mucho. Lo que nos decimos todos los días termina construyendo la forma en la que vivimos.

Si llegaste hasta acá y quieres saber más de este tema tal vez te puede interesar conocer una técnica clave dentro de la terapia cognitivo-conductual (TCC). Este tipo de terapia puede ayudarte a identificar patrones de pensamiento poco útiles, cuestionarlos y transformarlos de una forma más saludable.

Todo esto lo aprendí, en parte, gracias a mi proceso personal: ir a terapia, formarme profesionalmente, y comenzar a observar mis propios pensamientos con más atención. Cuestionarse a uno mismo no es fácil, especialmente si no estamos muy conscientes de nuestros hábitos mentales pero como casi todo en la vida, se trata de avanzar paso a paso, con compasión, paciencia y la voluntad de construir una nueva manera de vernos y vivir.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *