El proceso no es lineal

Una de las cosas más difíciles del crecimiento personal no es comenzar, ni siquiera mantenerse… es aceptar que no siempre se siente como avanzar. Hay días y a veces semanas enteras en los que pareciera que todo el trabajo que has hecho no ha servido de nada. Te sientes como si hubieras retrocedido kilómetros, como si volvieras a caer en patrones o emociones que pensabas superadas y esa sensación puede ser profundamente frustrante.
Si llevas tiempo en este camino, seguramente has escuchado esta frase: “El proceso no es lineal”.
La frase que te acompaña (aunque duela)
Hace años escuché una frase que se quedó grabada en mí:
“Los mejores momentos de tu vida no son los más felices, sino los que más te hacen crecer.”
Suena maravillosa cuando estás en paz, cuando la vida fluye pero en medio del caos, cuando todo parece un colapso, esa frase es difícil de digerir. Incluso parece una burla porque ¿cómo va a ser este uno de los mejores momentos de mi vida si me siento terriblemente mal?
Y sin embargo… lo es porque estás evolucionando, incluso cuando no lo notas. Estás cambiando, aunque no se vea. Lo que estás viviendo ahora no lo vive todo el mundo, y aún así, aquí estás: apostando por ti, por tu bienestar, por tu historia.
No se trata solo de llegar
El problema es que muchas veces estamos tan enfocados en la meta que olvidamos el camino y el camino importa. Mucho. Es ahí donde ocurre la transformación real.
Hay que aprender a adueñarse del proceso, a encontrar cada día algo que te acerque más a ti, que te haga sentir mejor, aunque sea mínimo porque sí: lamento decirte que el crecimiento no es una línea recta hacia arriba. A veces es una espiral, otras un zigzag, otras un torbellino.
Puedes estar teniendo una gran semana y, de pronto, un miércoles a las 10:00 a.m., sin previo aviso, se abre una herida que creías superada y no entiendes por qué pero así funcionan los traumas. Así funcionan las emociones profundas. No desaparecen de golpe. Siguen ahí, esperando a ser miradas con otros ojos para que duelan menos o de manera diferente .
La diferencia con el tiempo es que vas sumando herramientas. Poco a poco empiezas a conocerte mejor y responder de otra manera a estas mismas situaciones que un día te derrotaron.
Y llegará un momento en el que te darás cuenta de que cosas que antes te dolían con intensidad, ahora simplemente las observas. No porque ya no duelan del todo, sino porque has aprendido a cuidarte, a contenerte, a hablarte distinto.
Eso es crecer.
La diferencia con el tiempo es que vas sumando herramientas. Poco a poco empiezas a conocerte mejor y responder de otra manera a estas mismas situaciones que un día te derrotaron y llegará un momento en el que te darás cuenta de que cosas que antes te dolían con intensidad, ahora simplemente las observas. No porque ya no duelan del todo, sino porque has aprendido a cuidarte, a contenerte, a hablarte distinto.
Eso es crecer.
Ojalá todo se resolviera en un día
Ojo: esto no es magia. No hay afirmaciones, ni hábitos milagrosos, ni libros o rutinas que borren las heridas profundas. El crecimiento personal no es una película amigable de ver ni una historia de Instagram con fondo musical motivador.
Es un proceso real, crudo, a veces incómodo. Te desafía todos los días: tus pensamientos, tus creencias, tus valores, tus planes. Es una montaña rusa en la que tienes que volver a confiar en ti después de cada caída aunque sea difícil porque no hay otra opción.
Y sí, a veces se romantiza demasiado. Se pinta como algo bonito, suave, sin lágrimas pero crecer duele. Cambiar duele. Sanar duele y aún así, vale la pena pero no todo sucede de la noche a la mañana (lastimosamente).
La clave aquí es:
Suavizar el proceso, be nicer with yourself, no es evitar el dolor, sino cómo te tratas mientras lo atraviesas. Cuando eres empático contigo mismo, el camino ya no se siente tan hostil. Si cada día te das algo de amor, de cuidado, de escucha… el camino, aunque siga siendo complejo, se vuelve más llevadero.
Cada persona tiene una historia distinta. Una historia personal que merece ser reconocida con respeto y con compasión y a veces, solo necesitamos mirarnos con honestidad y decir:
“Claro, esto es lo que yo he vivido. Merezco compasión. Merezco cuidado. Merezco sentir lo que siento.”